Vocación y misión de los laicos.

Con motivo de los 50 años del decreto “Apostolicam Actuositatem”.

Estamos en la prestigiosa sede de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en la Plaza San Apolinario en Roma; justo detrás de la espléndida Plaza Navona. El  aula magna está llena y los relatores son escepcionales. El motivo de la jornada de estudio promovida por el Pontificio Consejo para los laicos (PCL), és el de celebrar el 50º aniversario de la promulgación del Decreto Conciliar sobre el apostolado de los laicos “Apostolicam Actusitatem” (AA) y confrontarnos con las grandes desafíos que interpelan a los laicos en el contexto social y cultural de hoy en día.

 

Por Alberta Ricci

 

Saludo del Rector que hace los honores de casa, y del Cardinal Stanislaw Rylko, Presidente del PCL, que introduce a la asamblea en el corazón del trabajo. Estamos a 50 años de la clausura del Concilio Vaticano II, “un don para la Iglesia”, con el cual cada nueva generación es llamada a medirse; Y a 50 años de la promulgación del Decreto conciliar “Apostolicam Actuositatem” (18 nov. 1965), que constituye una inflexión histórica y que actualmente no ha perdido nada de su importancia: el apostolado es para los laicos un derecho-deber, que parte directamente de nuestra unión bautismal con Cristo y que ejercitamos sobretodo en el perfeccionar las cosas del mundo impregnándole de espíritu evangélico.

 

Los documentos pontificios siguientes tienen todos reafirmado y ampliado este tema: la “Evangelii Nuntiandi” de Pablo VI, la “Christifideles laici” de Juan Pablo II, la “Deus caritas est” de Benedicto XVI, la “Evangelii gaudium” de Francisco, que representan en tal sentido un vademecum fundamental.

 

Pero, junto a la memoria del pasado, cada celebración debe significar una lectura del presente y una apertura fervorosa hacia el futuro, planteándonos algunas preguntas importantes: Cuál es la efectiva

recepción de este rol? Qué retos enfrentan los laicos de hoy? Qué peligros también? Papa Francisco sueña con un laicado “descentralizado”, que sepa salir hacia las “periferias existenciales”, que sepa “ponernos en marcha” y no contentarnos con “dejar las cosas como estan”, que no se deja “clericalizar” (es decir que no sea dependiente de una continua apertura desde lo alto, sino que asuma su responsabilidad ), que, en un mundo descristianizado, no tema tanto de ser “minoritario”, sino más bien de ser “incipiente”.

 

Delante a los grandes cambios de la época que tenemos delante, debemos saber guardar la realidad sin miedo, sabiendo que cada trabajo precede a un parto, aquello porta en sí mismo un renovamiento; y es con esperanza cristiana que nosotros debemos abrirnos al futuro. Entre aquellos deberes que nos corresponden existen también aquellos de una nueva y más grande responsabilidad con la Creación, bien inalienable por cada individuo y por cada pueblo. Es también el hombre donado por Dios a sí mismo! por lo que debe respetar la estructura de la cual ha sido dotado.

 

El rev. Prof. Philip Goyret, de la Pontificia Universidad della Santa Croce, pone a fuego los elementos innovadores presentes en la “AA” partiendo de las condiciones del laicado anterior al Concilio Vaticano II y de las definiciones “negativas” y “pasivas” con las cuales se nos hablaba. Existe por tanto todo un recorrido y existen figuras de teólogos que contribuyen a una modificación progresiva aunque no lineal  del pensamiento: Newman, que tuvo la intención de formar a los laicos para un rol en la construcción de la Iglesia. Todo el crecimiento de la misionología; las iniciativas pastorales del siglo XX, delante de la descristianización de la sociedad. El nacimiento de la Acción Católica (donde se inicia a hablar de colaboración más no de participación); la visión profética de José Ma. Escrivá de Balaguer; que predicó la santificación del trabajo y de la comunicación familiar; los libros de Congar y de Phillips, que muestran al laicado como un pueblo de Dios; Papa Pacelli, que canonizó a tres laicos, pero hasta que no llega el Vaticano II, no se había superado el concepto de “subalterno”.

La “AA” en su lugar habla de una radical igualdad de todos los fieles, en la dignidad y en las funciones, renovando la eclesiología.  No hay necesidad de otros mandatos o crear otras estructuras, para vivir su vocación al apostolado. Es cierto que la vida apostólica presume de una vida de oración, un alma contemplativa; no partimos del ejemplo de la vida monástica, pero desarrollándola de un modo coherente con la vida familiar y laboral. Se habla también de una espiritualidad de los laicos, de los laicos no más objeto, pero si sujeto, de inclusión de orden temporal, de asociacionismo libre (desde la base) como contribución privilegiada al apostolado personal.

 

El prof. Arturo Cattaneo, de la Facultad teológica de Lungano, trata sobre cuál es hoy la “teología del laicado”, a 50 años del Vaticano II; evidenciando como la “AA” ha permanecido como un documento “cenicienta”, ya sea porque en la época ya había estado dada la “Lumen Gentium”, o bien sea porque después de haberse alabado y recomendado como modelo la Acción Católica, fue la crisis de ésta última la que nos comprometió a la comprensión y acogida favorable, por parte del mismo laicado.  Contrariamente años después del Concilio Vaticano II, fuimos testigos de un florecimiento de nuevos Movimientos, que supieron revalorizar el sacerdocio común, los carismas, la dimensión comunitaria, aunque no faltaron las críticas como si “cayésemos” mal, casi como una espina en la vida de las parroquias. Hoy podemos decir que muchos peligros son superados, o se están a punto de superar, y que los Movimientos han contribuído en modo sustancial al impulso apostólico sobretodo de los jóvenes.

 

Si un problema permanece abierto es respecto al “rol eclesial” de los laicos, sobretodo por un “afán” general de abrir nuevos espacios de participación eclesial, en lugar de ayudarles a encontrar sus propios espacios, en la “laicidad”, que no deben ser considerados como un dato secundario o externo.

La “AA” sigue siendo un tesoro por descubrir, para crecer en la conciencia del llamado universal no sólo a la santidad, sino también a la apostolicidad, en la prontitud de dar una respuesta generosa.

 

El prof. Guzmán Carriquiry, laico, “volcánico”, ha trabajado por años en el PCL y actualmente trabaja en la Pontificia Comisión para América Latina.

 

¿Cómo son hoy los laicos católicos? El término “cristianofieles” los caracteriza plenamente y una renovada autoconciencia de la Iglesia nos reafirma la dignidad y responsabilidad; aunque la tendencia al clericalismo no ha sido nunca del todo superada. El “estar en el mundo”, la secularidad, es todavía un carisma! Existe una luz, una oportunidad que el laico recibe de Dios, que le hace comprender como todo de la realidad circundante forma parte de su plan salvífico.

 

Se puede ver hoy acrecentada las modalidades de participación y corresponsabilidad, en el campo de la liturgia, catequésis, diaconía, en el servicio de las parroquias y de las iglesias locales. Así como se acrecientan las posibilidades del apostolado asociado, con la irrupción en la Iglesia de los Movimientos y nuevas Comunidades y su contribución de renovado ímpetu carismático, educativo y misionero.

 

Entre las prioridades que se deben acoger y deben resolver están naturalmente aquellas de la formación de la personalidad madura y aquellas de las diferentes dimensiones y requisitos para esta formación (para que no sólo sea una información, ¡más bien una conformación a Cristo!); aquella de los ambientes misioneros, que interpelan a los fieles laicos de una Iglesia “hacia afuera” es decir: familia, jóvenes, educación, trabajo, cultura, política; aquellas del anonimato y de la irrelevancia del laico católico en la vida pública; aquella del amor preferencial por los pobres, que deberá caracterizar sustancialmente a éste, que es el tiempo de la misericordia!

 

El cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación  para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, habla de los laicos de cara a los desafíos antropológicos de nuestro tiempo, partiendo de la similitud evangélica que invita a los cristianos a ser “luz del mundo y sal de la tierra”.

“Indole secular de los laicos” quiere decir aquello que es competencia de los laicos y trata de las cosas de nuestro tiempo, de nuestro siglo, para orientarlas hacia Dios. Es una misión “antropológica” de aquello que se refiere al hombre a su favor; para ello con mayor razón debe enraizarce en la “teología” de Dios.

Una misión que no puede permanecer limitada al interior de la parroquia, pero debe afrontar aquellos ambientes culturales y sociales de los cuales más bien los cristianos parecieran tener miedo. A menudo porque piensan según los criterios del mundo, que todo deba ser sometido al consenso de la mayoría, en vez de resguardar las grandes “questiones antropológicas”. Aquello no significa salvaguardar una “visión religiosa” de la realidad, pero si la vida misma del hombre, su propia humanidad.

Por esto los laicos deben dejarse transformar continuamente por la potencia de los Sacramentos, y deben prepararse para la Eucaristía orando! Como hacía Jesús, que la instituyó después de tres años de intensa oración. Oración que no es hablar, hacer silencio para escuchar al Espíritu que ora en nosotros. Eucaristía que es actuación plena de aquella amistad con Jesús que construímos cada día. También cuando, para crecer en la fe, debemos estar sobre la cruz, como hacen países enteros, que han conocido el martirio y por eso son solidos.

Un panel agrupa a los participantes en 4 laicos fuertemente empeñosos. La Doctora Constanza Miriano habla de como testimoniar el Evangelio del matrimonio y de la familia en la vida diaria. Mujer, madre de 4 hijos, jornalista, nunca había dado lugar al problema del apostolado, pero viendo tanta infelicidad a su alrededor, ha iniciado a hablar a sus colegas d ela belleza de ser una mujer y de la importancia de no separar la sexualidad de la acogida de la vida. Así incitada por las “circunstancias”,  escribe 3 libros sobre el matrimonio, y se empeña en proyectos que contrastan las leyes que promueven el “vientre de alquiler” y cosas similares, creando una red de “amigos” en la cual es bien clara la conciencia que el apostolado no puede nunca prescindir del “encuentro”.

El prof. Franco mambrini es docente de literatura italiana y ha fundado un centro esclástico católico. También él piensa de tener solo respuestas a las “circunstancias”, que después osn el modo concreto con el cual “Dios golpea”, entre estas la emergencia educativa de la cual se ha dado cuenta, es lo primero de qué preocuparse. Emergencia que no solo incluye a los jóvenes (que son terribles), pero primero a sus padres (que están totalmente privados de esperanza!).Si, es verdadque los valores  se han caído, pero esto es entusiasmante, porque significa que debemos de verdad “rencaminarnos desde Cristo”! y después retransmitir una señal a nuestros hijos que debe ser muy fuerte, de otra forma no llegará a sus corazones, porque pasan por una presión social muy pesante.

Cada hijo ve, de la fe expresa de su padre, si es un hombre “abatido” o si es un hombre “victorioso”; si tiene una fe moralista, incapaz de acercarse al otro por miedo, o de lo contrario viva, capaz de “invitarle a cenar a su casa” como hizo Jesús con Zaqueo.

Las escuelas católicas tienen un rol en todo esto y debemos defenderlas, para que no cierren.

Michel Roy es Secretario General de Caritas internacional y habla de las vieja y nueva pobreza de la cual el laicado es llamado a hacerse cargo. Sobretodo después de la crisis económica donde ha visto que ahora piden personas que donaban. El cuadro que expone es tristemente notorio: el cambio climático que golpea alos más pobres, los agricultores en Àfrica que se ven en la necesidad de dejar sustierras por las deudas, los conflictos con los migrantes y refugiados, el aumento vertiginosos de los extranjeros indigentes;  luego están los jóvenes que no pueden construír una  familia, el aumento de padres separados, los ancianos solos… A propósito cuando los africanos vienen a Europa se sorprenden cómo nos separamos de los ancianos, incapacitados, cómo se puede botar a la calle “la vida”,¡como si fuese una carga inútil e incómodo. Por lo tanto el gran desafío que tenemos delante es el de la “inclusión” y debemos llevarla adelante todos juntos, deteniéndonos al borde de la calle, para “hacernos proximo”a los pequeños, a los pobres, haciéndolos protagonistas de una nueva esperanza, cada uno desde su campo, principalmente si es político, emprendedor…puede concurrir de modo determinante al apostolado y cambiar el rostro de nuestra “casa común”.

 

 

 

Paola Binetti, Diputada concluye hablando de como servir al bien común en el mundo de la política, partiendo de una percepción del servicio de los intereses personales y lobbísticos. La batalla más difícil por lo tanto es aquella de recuperar la credibilidad. Y después aquella de saber obrar las necesarias “mediaciones del lenguaje” para poder llegar a un consenso partiendo de presupuestos diversos. Pensemos por ejemplo en el consenso de la afirmación según la cual un niño tiene derecho a tener un papá y una mamá (y no dos “padres” del mismo sexo).

Aquello que falta ahora entre los Parlamentarios cristianos es la capacidad de involucrarse, de hacer las cosas juntos, de recuperar el sentido de la unidad; esto ocurre porque falta la oración, el cable directo con el Padre, sin la cual es difícil la fraternidad. Como también son difíciles la sobriedad y el desapego concreto a los privilegios en la búsqueda del rol personal que lo exalte.

Pin It on Pinterest

Share This